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La limpieza social: El mundial y la invisibilización de las trabajadoras sexuales

En la ciudad de Mexico la Calzada de Tlalpan es un espacio de tránsito masivo donde convergen el comercio formal, la economía informal y, de manera muy significativa, el trabajo sexual. Para la comunidad de mujeres trans que laboran como trabajadoras sexuales, Tlalpan representa un espacio vital de supervivencia, transformando esta arteria no solo en su espacio de trabajo si no en un territorio de resistencia frente a la marginación histórica.

Bajo la narrativa del “ordenamiento” y la preparación para el turismo internacional derivado de la Copa del Mundo, el Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por la morenista Clara Brugada, ha emprendido acciones que se traducen en una auténtica limpieza social. Estas políticas capitalinas sugieren que la presencia de las trabajadoras sexuales trans es considerada “incómoda” para la estética mundialista y el discurso de orden que la ciudad pretende proyectar al mundo durante el torneo.

Como parte de la imagen que México trata de proyectar al mundo se realizaron trabajos sobre tlalpan que incluyeron la construcción de una ciclovía que afectó directamente a las trabajadoras sexuales ya que dicha infraestructura ciclista las ha despojado de su fuente de ingresos para proteger la ¨experiencia estética¨ de aquellos turistas que pagaron miles de pesos por un asiento para disfrutar del mundial. Así es como el Estado decide qué cuerpos son dignos de ser vistos y cuáles deben ser borrados del espacio público para no manchar la imagen nacional construida para consumo extranjero.

Existe una paradoja dolorosa en la Ciudad de México: mientras la capital se jacta de ser una “Ciudad de Derechos “, en la realidad, estas promesas se desvanecen ante el imperativo de captar inversiones extranjeras.

Las acciones del gobierno capitalino profundizan la precarización y vulnerabilidad de la comunidad trans que ha habitado las calles de Tlalpan por años. asi es como usando la bandera de “recuperacion de espacios públicos” se les olvida la deuda histórica con quienes ejercen el trabajo sexual.

Reivindicar el derecho a la ciudad exige restituir a cada habitante la facultad de habitar lo público sin temor, sin ser víctimas de una limpieza social disfrazada de progreso. Cuando los reflectores del mundial se apaguen y las gradas queden vacías, la herida en Tlalpan permanecerá abierta como testimonio de una gestión que prefirió maquillar su fachada antes que garantizar la dignidad de sus ciudadanos. El verdadero progreso no se mide en remodelaciones de estadios o proyectos estéticos para la ciudad sino en la capacidad de reconocer, proteger y valorar las vidas de quienes, a pesar de la invisibilización y el despojo, insisten en reclamar su lugar en la acera y en la historia colectiva de la ciudad.

Eduardo M.